El consumo excesivo y prolongado de alcohol se asocia con un aumento claro del riesgo de múltiples enfermedades crónicas: desde trastornos hepáticos y pancreáticos hasta hipertensión, cardiopatías, accidente cerebrovascular y diversos tipos de cáncer (especialmente de boca, faringe, esófago, hígado, colon y mama). También incrementa los problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad, y contribuye a accidentes, violencia y dificultades sociales y laborales.
Lo que en un principio puede percibirse como un hábito social inocuo puede, con el tiempo, convertirse en un patrón de consumo de riesgo o en un trastorno por uso de alcohol. La buena noticia es que reducir la cantidad y la frecuencia, o dejar de tomar, mejora la salud a cualquier edad y disminuye el riesgo de complicaciones a largo plazo.